«La confianza cultural es más importante, más extensa y más profunda”

Xi Jinping

«Se trata de construir no solo el jardín de China, sino uno compartido por todos los países»

Xi Jinping

La aparición contundente de la República Popular de China (RPC) en la economía mundial ha reconfigurado la escena general de los próximos años y décadas. Una situación que, sin lugar a duda, resignificará el mundo del Siglo XXI.

Desde su fundación en 1949, la RPC inauguró una nueva época en la historia china, dando inicio a un proceso de construcción de un país basado en los principios de la soberanía nacional, el desarrollo material, la integridad territorial y la justicia social.  

Casi tres décadas más tarde, en 1978, Deng Xiaoping abrió un nuevo capítulo en la historia de esa nación mediante la política de Reforma y Apertura, basada en tres ejes: el pasaje de una economía cerrada a una abierta, de una economía centralmente planificada a una de mercado y de una sociedad agraria a una urbana. Con esta reorientación, en pocas décadas fue transformada la economía china y, con ella, la del mundo.

En la coyuntura actual, en la que el multilateralismo se encuentra en crisis y el panorama futuro está plagado de incertidumbre, China es el actor más importante en el escenario internacional que continúa férreamente comprometido con una globalización inclusiva, basada en el derecho internacional y en el desarrollo compartido. De entre las numerosas y novedosas propuestas chinas, el proyecto más destacado es, sin lugar a dudas, la Iniciativa de la Franja y la Ruta; el plan de infraestructura más ambicioso de la historia, que cuenta con el potencial de reconfiguración del comercio mundial y acelerar el desarrollo de las regiones más postergadas del globo. 

En cuanto respecta a América Latina, esta iniciativa ofrece grandes oportunidades para conectar un inmenso espacio geográfico con una tradicional y considerable deficiencia en infraestructura; la cual ha representado un importante obstáculo para el desarrollo en conjunto. En otras palabras, consideramos que la Franja y la Ruta puede y debe ser un vehículo para la integración latinoamericana.    

Frente a los doscientos años que tardó en madurar la Revolución Industrial, China ha tenido un desarrollo comparable en tan solo treinta; logrando de esta forma uno de los procesos de industrialización y urbanización más acelerados de la historia. Hoy en día, las ciudades de más de un millón de habitantes son más de 120, mientras que ya el 60% de la población está urbanizada. De manera simultánea, la RPC ha logrado también sacar de la pobreza a 850 millones de personas. A su vez, China se posiciona como el primer exportador de bienes, el principal acreedor de EEUU, encabeza la transformación tecnológica del 5G, y se proyecta como potencia para el 2049, según el último plan quinquenal. Como contrapartida, China deberá resolver los desafíos que generan un alto costo ambiental, y el aumento en la concentración de la riqueza.

Desde el ingreso de China a la OMC en 2001 se han construido nuevas interpretaciones acerca de cómo se entiende a la globalización, sobre todo en la medida en que el ascenso de nuevos actores en el escenario internacional indican un rumbo hacia un mundo cada vez más multipolar. De manera paralela, desde la Crisis Financiera Mundial del 2008, una serie de sucesos históricos han generado un cuestionamiento creciente a los valores, instituciones e ideas comúnmente aceptadas desde el fin de la Guerra Fría. 

Es precisamente en contraste a este panorama de incertidumbre que el presidente Xi Jinping ha planteado un claro camino para el futuro de su país en la forma del “sueño chino”; una serie de metas de desarrollo progresivo de cara al primer centenario de la República Popular en el 2049. Además, consciente del rol cada vez más destacado de China en el mundo, una parte integral del sueño chino es el principio de “futuro compartido para la humanidad”. 

No está a la vista y es difícil de presagiar cuál será el desenlace de la economía mundial durante el próximo siglo, pero para poder avanzar en este análisis debemos intentar comprender cómo se auto perciben los chinos en el mundo y cómo planifican y entienden su relación con Occidente y Latinoamérica. Desde esta perspectiva será necesario realizar un abordaje integral de las distintas áreas de integración que podamos desarrollar, desde lo cultural a lo científico y desde lo tecnológico a lo deportivo por citar algunos ejemplos. 

Asimismo la planificación de las políticas públicas y la generación de planes de acción de gobierno a largo plazo serán el eje por el cual encarar parte de nuestra vinculación. Los desafíos de una nueva etapa golpean la puerta, y, desde este espacio, esperamos no solo responder a su llamado sino también aportar una visión desde nuestro lugar en el mundo sobre este nuevo escenario mundial.