Por Julián Pérez

En un marco sanitario inédito, como el que atraviesa Argentina, queda sobre relieve el continuo esfuerzo realizado por el gobierno en materia de garantizar el crecimiento con inclusión social, desandando la herencia de una gestión que implementó políticas que fomentaron el endeudamiento exterior y la desigualdad, en un contexto económico mundial anterior a la pandemia que ya mostraba signos de desaceleración, crecimiento del empleo informal, baja de exportaciones, pobreza, desigualdad y en donde es necesario repensar el posicionamiento de Argentina en el Mundo.

Las reformas estructurales históricas que tiene por delante nuestra Nación hacen necesaria la capacidad de ejecución, gestión y coordinación de todos los actores que promuevan el desarrollo y que cuenten con los requisitos necesarios no solo para que la recuperación sea exitosa, sino para que pueda servir para promover políticas que contribuyan a aumentar la productividad, la competitividad y el empleo formal de manera sostenible. 

En este escenario, los Bancos Multilaterales de Desarrollo  son herramientas que han demostrado su capacidad de estimular la cooperación internacional y proporcionar condiciones financieras para la realización de grandes obras de infraestructura.  Estas entidades son claves para impulsar una agenda de trabajo conjunto con  gobiernos ofreciendo una gama de instrumentos y soluciones para respaldar y fomentar proyectos que de otro modo serían más difíciles de financiar, incluyendo los que poseen alto nivel de rentabilidad e impacto social y económico.

El Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) nace en la ciudad de Beijing en Octubre de 2014 como una propuesta del gobierno de la República Popular China para financiar proyectos de infraestructura en la región de Asia, consolidado sobre un sistema financiero de préstamo y de fomento del sistema de libre mercado para los países asiáticos. 

Consecuentemente y de la mano del proyecto de “la nueva ruta de la seda” que afecta 60 países, el 75% de las reservas energéticas conocidas en el mundo, el 70% de la población mundial y una dinámica que involucra el 55% del PIB mundial, el BAII se reposicionó no sólo desde un enfoque en clave asiática, sino como un actor global para acompañar el desarrollo de las naciones integrantes. 

El beneficio para Argentina como miembro de la institución se traducirá de la mano al rendimiento que pueda percibir por los fondos que aporte como nuevo integrante. No obstante y sin dudas el más importante activo de la participación nacional en el BAII es la posibilidad a recibir financiamiento para obras de infraestructura.

Como miembro, Argentina podrá beneficiarse a través de financiamientos totales o parciales por parte del BAII para el desarrollo de proyectos de infraestructura estratégicos, que repliquen en el bienestar de nuestros puebles, sean respetuosos del medio ambiente y garanticen el beneficio de dichas inversiones, en áreas como transporte, energía y obra pública, entre otras.

Este es el quinto año del BAII desde sus comienzos, y dentro de su estructura orgánica cumplimenta la fase inicial definida por su estatuto. En este lapso, el banco ha desarrollado una serie de estrategias sectoriales y establecido una serie de prioridades estratégicas tales como infraestructura sustentable, evaluación de capital privado y promoción de la conectividad transfronteriza, siendo la mayoría proyectos financiados conjuntamente con otros bancos de desarrollo por lo que se produce una importante transferencia de conocimientos hacia el BAII.

Argentina a través de las comisiones específicas del Congreso (Relaciones Exteriores del Senado) aprobó por unanimidad la adhesión. Tras la aprobación de ambas cámaras, Argentina realizará su primer cuota aporte de 5 millones de dólares, lo que permitirá acceso a un financiamiento inicial de 300 millones para infraestructura.

Con la entrada al BAII, el Gobierno de Alberto Fernández da un nuevo paso más en la Relación Estratégica Integral con el país asiático, que tiene como horizonte el crecimiento de ambos países como un ejemplo de que la perseverancia y la convicción en la consecución de los fines de la nación es el instrumento más importante que pueda haber en la historia de un pueblo para poder superar las adversidades y las dificultades.